Acerca de la artista

La cerámica llegó a mi vida como una manera de volver al cuerpo, de salir del pensamiento y empezar a descubrir lo que podía construir con las manos.

Crecí en un hogar donde salir adelante era la prioridad. Ser artista no estaba prohibido; simplemente, no era una posibilidad que imaginara para mí. De niña, hacía pequeños trabajos, muchos de ellos en el mercado de mi barrio, para tener mi propio dinero y comprarme cosas que mis padres no podían darme. Más adelante trabajé en restaurantes y enseñé inglés, sin imaginar que encontraría en el barro una forma de expresión propia.

En el 2024, mi camino con la cerámica me llevó al Valle Sagrado. Con el tiempo, este lugar y sus paisajes se han vuelto cada vez más importantes en mi trabajo. Hoy, las piezas que hago también cuentan algo de mi historia. En su delicadeza conviven mis experiencias, mis preguntas y mi manera de mirar el mundo. 

De la naturaleza al barro

Mis raíces están en Cusco, de donde viene gran parte de mi familia. Vivir en el Valle Sagrado me ha permitido acercarme de nuevas maneras a ese vínculo, también a través de la cerámica y de la naturaleza que me rodea.

Los árboles de capulí, los lirios de los incas y los paisajes que me rodean despiertan mi curiosidad y me invitan a observar con más atención.

A partir de esa curiosidad vienen el juego y las preguntas: observo, investigo, pruebo y exploro hasta encontrar una manera de llevar aquello que me interesa al barro. En ese proceso, lo que descubro se encuentra con mi propia sensibilidad y con las posibilidades del material.